Urbanismo Social

El desarrollo urbanístico solo puede ser una fuerza transformadora positiva si respeta y promueve los derechos humanos. La tendencia hacia la rápida urbanización va de la mano con la creación de más barrios pobres, con más personas en condiciones de vida inadecuadas y sin seguridad de tenencia de sus viviendas y de la tierra, así como con mayores disparidades, desigualdades y discriminación. Sin embargo, los procesos de urbanización en que se respetan y promueven los derechos humanos tienen el potencial de transformar este fenómeno de uno en que los derechos de las personas son a menudo ignorados o negados, a una fuerza que contribuya positivamente a las vidas de la mayoría de la población mundial.

Esta es la visión que promueve la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la que los gobiernos se comprometen a “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” (Objetivo 11). Se comprometen además, a no dejar a nadie atrás, vislumbrando “un mundo de respeto universal por la igualdad y la no discriminación”, incluyendo la igualdad de género; asimismo, reafirman la responsabilidad de todos los Estados a “respetar, proteger y promover los derechos humanos, sin discriminación ni distinción de cualquier tipo”.